A través de los artículos a continuación, Ricardo Pérez recuerda a su amigo y compañero Jose Luis Zamorano. Originalmente publicados en Control y el Publicista.
El Publicista.
EL AUTÉNTICO ZAMORANO
Vaya por delante que no quiero decir que el Zamorano brillante, exitoso y ocurrente que conoce casi toda la profesión, no fuera auténtico. Al contrario, su peculiar personalidad se ha mantenido incólume hasta el día en que nos ha dejado.
Lo que quiero decir es que, a los que lo conocieron en la cima del éxito, les falta completar la ficha con sus orígenes, sus principios.
Cuando lo conocí en aquel Danis de la Plaza de España, ya brillaba en un estudio de arte de los de antes, que tenían hasta fotógrafo en plantilla y todos los instrumentos necesarios para resolver la gráfica sin salir de casa.
Zamorano y yo conectamos de inmediato. Éramos los únicos vocacionales de la publicidad, que conocíamos a los referentes míticos americanos y dialogábamos de la profesión, del mar y de los peces.
De hecho, yo llevé muchas veces a mi amigo a la Plaza Lavapiés -él vivía al lado- y antes de bajar del coche me contaba y no acababa sus cuitas, sus neuras, sus historias e histerias.
Ahí, en su barrio de origen, cuando era castizo y fetén, está una de las claves de su gracia en la conversación, de sus peculiares expresiones.
Después, los colegas disidentes de Danis fundaron Tandem, donde Zamorano siguió al frente del departamento de arte.
Antes de hacer más prolija la historia, tengo que dejar claro que, para mí, José Luis Zamorano ha sido el mejor director de arte español (algún otro a su altura era argentino, adoptado por la Barcelona avanzada y abierta de entonces)
La personalidad de Zamorano siguió siendo la misma, como esa inveterada costumbre de pasar toda la noche y con todo el equipo terminando la campaña que presentábamos al día siguiente los que llegábamos de refresco por la mañana.
Luego vino Contrapunto, pero el gran puntazo de nuestro héroe fue después con el gran éxito de La Casera, forjado por esa extraña pareja formada con Malka, el otro genio con el que ahora a lo mejor se encuentra en el más allá.
Hará un par de meses el periodista de Forbes Miguel Ángel Bargueño me pidió el teléfono de Zamorano para dedicarle un reportaje a su campaña más emblemática, en la que los que lo conocimos veíamos al propio José Luis en varios de los personajes que pedían La Casera y hacían un gesto muy suyo de marcharse porque no la había.
Ahora es él quien se nos ha marchado para siempre.
Quedará en nuestro recuerdo y, si vemos su campaña, seguiremos reconociéndolo en cada gesto, en cada ademán.
Te vas, pero queda tu impronta, los rasgos de tu personalidad, tu arte, (lo dicho, el mejor)
Tu amigo y compañero Ricardo Pérez
Control.
ÚLTIMO ENCUENTRO CON ZAMORANO, EN “CONTROL”
Aunque fui avisado “por los pelos”, horas antes, no dudé en modificar mi agenda (?) y asistí presto a la convocatoria de veteranos de Javier San Román.
Tengo que agradecerle esta oportunidad (¡quién iba a pensar que sería la última!) de charlar frente a frente, o mejor escuchar, a José Luis Zamorano, amigo y compañero de otros tiempos.
Lo conocí en el Danis de Antonio Jordán, quien me había admitido para crear y redactar campañas, que en prensa tendrían el toque de un Zamorano joven pero ya preparado, que brillaba por contraste en un estudio de arte de la época, con una decena de artefinalistas de oficio y un fotógrafo en plantilla, con todos los recursos “in house” para resolver toda la gráfica que era tan preminente entonces.
Desde el principio encajamos y nos complementamos muy bien. Éramos los únicos de la agencia con vocación de publicitarios y conocimiento de la creatividad que se veía por el mundo, en la que intentábamos inspirarnos.
Luego, seguimos enhebrando campañas en Tandem, la agencia creada por un grupo de “protestantes” de Danis, incluido mi fichaje de regreso al grupo.
Zamorano, genio y figura, se quedaba toda la noche, con todos sus entregados seguidores, para terminar la campaña que teníamos que presentar a la mañana siguiente.
Después, se rompió el Tandem y Zamorano se subió en otra “bici” con algunos compañeros. Era el Contrapunto del original.
Pero la gran oportunidad le llegó en una agencia con su apellido en la puerta y una cuenta como La Casera, que sería otra historia. La del éxito total y absoluto, compartido con otro genio, Michel Malka, que supongo habrá salido a recibirlo allá donde se halle, Alá o Dios mediante.
En la profesión, Zamorano ha sido el de la conversación desbordante como el gas de La Casera de su alma, pero la historia empezó años atrás en su barrio de Lavapiés, el de antes, el castizo y fetén.
Con su pérdida, nos quedamos sin su toque de gracia genial, como ejemplar único, de frescura sin control, que gracias a “Control” pudimos disfrutar por última vez.
Adiós, amigo y compañero. Ricardo Pérez